La Cabra Salvaje Mallorquina
BOC Balear
Representa uno de los elementos más singulares del patrimonio natural y cinegético de Mallorca. Su origen se vincula a antiguas introducciones humanas de caprinos en la isla, con registros que sitúan este proceso hace más de 4.000 años. A partir de ese sustrato inicial, el aislamiento insular, la deriva genética y la selección natural y antrópica han configurado una población con rasgos propios y notable valor biológico.

Capra Aegagrus Hircus (Boc Balear)
Planteamiento científico
La cabra salvaje mallorquina constituye un caso paradigmático de población insular de caprinos ferales sometida a procesos de microevolución en condiciones de insularidad y manejo humano secular. No debe interpretarse como un simple asilvestramiento reciente, sino como una entidad biológica moldeada por la combinación de:
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Introducción antrópica antigua (caprinos domésticos tempranos).
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deriva genética (efecto fundador + aislamiento relativo).
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selección natural y antrópica (principalmente cinegética).
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episodios de introgresión genética por hibridación con razas domésticas modernas.
En términos de biología evolutiva, el BOC representa un taxón funcionalmente “neo-endémico” o “antro-endémico”, donde la presión selectiva humana ha actuado como fuerza equivalente a la depredación (selección direccional negativa sobre fenotipos no deseados), sin que ello suponga reproducción dirigida típica de sistemas zootécnicos.
Contexto biogeográfico mediterráneo
Las poblaciones caprinas insulares del Mediterráneo (incluyendo Mallorca) responden a un patrón común: caprinos introducidos por el ser humano desde periodos protohistóricos que evolucionan bajo presiones locales, generando fenotipos y estructuras poblacionales propias.
En este marco, el BOC se compara con otros ejemplos mediterráneos de interés biogeográfico y taxonómico:
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Capra aegagrus creticus (Creta) — población insular con fuerte valor histórico y genético.
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Capra aegagrus dorcas (descrita para la isla de Gioura, Grecia; referencia histórica de Reichenow, 1888).
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Otros casos de caprinos insulares y procesos de feralización/aislamiento que han generado unidades morfológicas reconocibles.
La discusión científica no es si el origen fue doméstico o silvestre (frecuentemente antrópico), sino cómo el aislamiento y la selección han configurado una unidad biológica distinguible, con homogeneidad morfológica y rasgos poblacionales estables.

Capra Aegagrus Creticus ( Kri-Kri )
Hipótesis filogenética
Desde una perspectiva filogenética, la cabra salvaje mallorquina se interpreta como un derivado antiguo de caprinos introducidos, con posible relación histórica con el tronco de cabra primigenia del Mediterráneo:
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Tronco ancestral: Capra aegagrus (cabra bezoar; ancestro de la cabra doméstica, Capra hircus).
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En contextos insulares, pueden observarse caracteres fenotípicos conservados que recuerdan a poblaciones próximas al “tipo bezoar”, aunque la identificación estricta no se basa solo en morfología sino en marcadores genéticos y dinámica poblacional.
En consecuencia, el BOC se formula como una población derivada de Capra hircus con eventuales señales fenotípicas/biológicas compatibles con un sustrato antiguo próximo al modelo Capra aegagrus, pero modificada por siglos de selección y aislamiento.

Evolución y conservación

Capra Aegagrus Hircus (Boc Balear)
El BOC no puede entenderse como un simple asilvestramiento reciente. Su historia refleja un proceso prolongado de adaptación al medio mediterráneo insular, influido por métodos tradicionales de captura y manejo, así como por la presión cinegética. Este conjunto de factores ha actuado como una fuerza selectiva comparable a la depredación, favoreciendo la persistencia de una identidad morfológica estable en determinados núcleos. En época contemporánea, el principal riesgo para la conservación del BOC ha sido la hibridación con cabras domésticas modernas, lo que amenaza el sustrato genético ancestral y reduce la homogeneidad fenotípica. Por ello, la gestión actual se orienta a la conservación de poblaciones sanas, al control de densidades y a la reducción del mestizaje, integrando criterios ecológicos, genéticos y cinegéticos. La conservación del BOC implica una visión moderna de gestión: mantener su valor patrimonial y cinegético, garantizar el equilibrio con la vegetación y preservar una de las poblaciones caprinas más representativas de la biodiversidad insular mediterránea.
